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Paraíso

concepto religioso que designa un lugar de vida eterna
Ilustración de la Divina Comedia

El paraíso (término originado en la voz del idioma avéstico “pairidaēza”, que significa cercado circular y se aplica a los jardines reales) es un concepto manejado por diferentes religiones como lugar deleitoso asociado al «estado primigenio de gracia».[1] En la antigüedad referida a Occidente, se tipifica en el paraíso del Antiguo Testamento de origen hebreo, como el jardín donde Yavé colocó a Adán y Eva.

CitasEditar

  • «Al principio
    era la era del paraíso».[2]
  • «El insomnio es una lucidez vertiginosa que convertiría el paraíso en un lugar de tortura».[3]
  • «El paraíso terrenal no terminó cuando Adán y Eva supieron que trabajarían con sudor y parirían con dolor. Terminó el día en que repararon en la existencia de un amo que les prohibía comer una manzana».[5]
  • «—Harun-al-Rashid, dijo Mahoma, tendrás setenta pabellones. Está escrito. Pero el sueño, la prisa, el miedo y la limosna los traerás a tu espalda al Paraíso». (del poema 'Los setenta pabellones')

Citas por autorEditar

Manuel VicentEditar

  • «Adán y Eva, después del desayuno, se pusieron el chándal, cogieron las bicicletas y salieron a pasear. A medida que avanzaban se iban creando los caminos, el paisaje, los ríos azules, los valles, los bosques, los animales. Por la tarde crearon también la música de jazz y el güisqui y así hasta la mañana siguiente que fue lunes y ya intervino Dios.» (El País, 9-6-2002: Zumo)
  • «La infancia termina cuando con la llegada del uso de razón el niño percibe que sus padres no son inmortales. Esa es la verdadera expulsión del paraíso, el final de la inocencia, el presentimiento de la muerte.» (El País, 31-12-2017: Año 2018)
  • «Nuestros primeros padres fueron expulsados del paraíso condenados a parir con dolor, a trabajar con el sudor de la frente y a morir. ¿Y todo por una simple manzana? —pregunta un niño al maestro—. Alguien tiene que explicarle a ese niño que la manzana del paraíso es la conciencia, la razón, el conocimiento, la curiosidad y la rebeldía que el ser humano ha heredado de aquella pareja de primates bajo el nombre de pecado original.» (El País, 28-1-2018: Mono dios)

ReferenciasEditar

  1. Revilla, Federico. Diccionario de Iconografía. Cátedra, 1990. ISBN 8437609291, p. 290.
  2. García-Paje, Mario. El escudo de Jotán. Cuentos reunidos. Editorial UNED, 2015. ISBN 9788436270549.
  3. Albaigès Olivart, José María. Un siglo de citas. Planeta, 1997. ISBN 8423992543, p. 557.
  4. Triguero, Eduardo. Cita-logía. Editorial Punto Rojo Libros, ISBN 978-84-16068-10-4. p. 68.
  5. Albaigès Olivart, José María. Un siglo de citas. Planeta, 1997. ISBN 8423992543, p. 364.
  6. Hierba aquí o allá (edición bilingüe). Visor Libros y Ministerio de Cultura; Madrid, 1988; ISBN 8475222277.
  7. Cirlot, Juan-Eduardo. Diccionario de símbolos. Editorial Labor, Barcelona, 1991; ISBN 8433535048.
  8. Albaigès Olivart, José María. Un siglo de citas. Planeta, 1997. ISBN 8423992543, p. 177.
  9. Sánchez Ferlosio, Rafael. El escudo de Jotán. Cuentos reunidos. Penguin Random House Grupo Editorial España, 2015. ISBN 9788466331319.
  10. Señor, Luis (editor). Diccionario de citas. Editorial Espasa Calpe, 2005. ISBN 8423992543, p. 266.
  11. Triguero, Eduardo. Cita-logía. Editorial Punto Rojo Libros, ISBN 978-84-16068-10-4. p. 186.

Enlaces eternosEditar