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Citas de la obraEditar

  • «... el pobrecito está en la sepultura, y de allí no le han de sacar tus diligencias, ni las mías, ni las de nadie. Hoy le he mandado decir cuatro misas; créete, eso es lo que ha de valerle para la otra vida, y no las averiguaciones en ésta».
    • Leonor[1]
    • Fuente: Cap. 36, 1.204 b. Novelas II en Obras Completas, Aguilar, 1.ª edición, Madrid, 1970.[1]
  • «Fácilmente comprenderás que un asunto de tal naturaleza, formado de misterio y escándalo, ha de excitar vivamente la chismografía de la raza más chismográfica del mundo; raza dotada de fecundidad prodigiosa para poner variantes á los hechos y adornarlos hasta que no los conoce la madre que los parió; raza especialmente artista y plasmadora, que crea casos y caracteres, formando una realidad verosímil dentro y encima de la realidad auténtica. Ante un suceso de gran resonancia, todo español se cree humillado si no da sobre él su opinión firme, tanto mejor cuanto más distinta de las demás. Oí, como puedes figurarte, explicaciones razonables; otras novelescas, aunque dotadas de esa verosimilitud propia de las obras de imaginación escritas con talento; algunas estrafalarias, pertenecientes al género de entregas, de esas que, llenas de chafarrinones, se te meten por debajo de la puerta. Todo lo oí con paciencia y atención, pues hasta los mayores desatinos deben, en casos tales, oirse y sopesarse para obtener la verdad. Personas encontré que se cebaban en el asunto con brutal fiereza, ávidas de hincar el diente en reputaciones hasta entonces intactas; otras que se inclinaban á lo más atroz, arriesgado y pesimista, y alqunas que, gustando de tomar el simpático papel de la sensatez entre tanto delirio, proponían las versiones más anodinas y triviales; pero en honor de la verdad, debo decirte que éstas hacían pocos prosélitos. La multitud se iba tras los que arbolaban estandartes rojos y llamativos, con algún lema muy escandaloso; tras los que anunciaban sus tesis con tambor y cornetín como si exhibieran un fenómeno en las barracas de una feria. De todo esto, querido Equis, he de darte cuenta detallada, cuando yo esté más sereno, y tú menos harto de mí».
    • Fuente: «XXXI, 7 de febrero», La incógnita (1889).[2]
  • «La santa verdad, hijo de mi alma, no la encontrarás nunca, si no bajas tras ella al infierno de las conciencias».
    • Cisneros a su sobrino Manolo Infantes[1]
    • Fuente: Cap. 32, 1.197 a. Novelas II en Obras Completas, Aguilar, 1.ª edición, Madrid, 1970.[1]

Citas sobre la obraEditar

  • «En [La incógnita/Realidad], con un profundo sentido dramático, el autor ha querido dejar testimonio del amor que ha sentido por la escritora y del dolor experimentado por su infidelidad. (...) ...junto al complejo, profundo y dramático desarrollo de las dos novelas de Galdós, nos hallamos con la simpática y frívola trama de Insolación. [...] La idea de ambas novelas o partes de la misma, se la ha proporcionado [a Pérez Galdós], sin duda, el descubrimiento de la infidelidad de Emilia. Ésta aparece encarnada en Augusta, la protagonista, como Galdós lo está en la figura del marido. Y al igual que en la realidad, el amante es un hombre más joven y apuesto que el marido [sic]».[3]
    • Pilar Faus Sevilla
    • Fuente: 'Emilia Pardo Bazán. Su época, su vida, su obra, La Coruña, Fundación Pedro Barrié de la Maza (2003)
  • «Psicológicamente, es posible identificar a Galdós en el personaje de Orozco, ya que la Pardo Bazán se ha reconocido en el de Augusta (...) Lo sucedido en La incógnita y en Realidad tiene una base real...».[3]
    • Carmen Bravo-Villasante
    • Fuente: «Introducción.» Pardo Bazán, Emilia: Cartas a Galdós (ed. Carmen Bravo-Villasante), Madrid, Turner (1975)

ReferenciasEditar

BibliografíaEditar