El abuelo (novela)

novela de Benito Pérez Galdós
El abuelo

Autor Benito Pérez Galdós
Publicación 1897 (hace 127 años)
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El abuelo (1897) es una novela de Benito Pérez Galdós. Fue posteriormente adaptada para el teatro (1904).

Citas de la obra (novela y obra de teatro)

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  • «¿El mal... es el bien?».[2]
    • D. Pío
    • Fuente: «Jornada I, Escena XVII»[3]
    • Nota: Fin de la novela
  • «El rostro de ella es como una manzana, y el de él como pera de las de piel empañada y pecosa».[4]
    • Fuente: «Jornada I, Escena I»
  • «En esa situación le designó D. Carmelo para maestro de las niñas de Albrit, teniendo en cuenta tres razones: que si no sabía mucho, no había en Jerusa quien le aventajara; que era honrado, honesto, absolutamente incapaz de enseñar a sus discípulas ninguna cosa contraria a la moral, y, por último, que al aceptarle para aquel cargo realizaba la Condesa un acto caritativo».[5]
    • Fuente: Jornada III, Escena I[6]

Citas sobre la obra

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  • «... el anciano siente con vehemencia el viejo culto de la propia sangre, el hondo impulso que movió a los antiguos a colocar en los altares el símbolo de la raza».[8]
  • «La conclusión de El abuelo es que el bien puede nacer del mal. Sin el adulterio de Lucrecia ¿tendría el Conde el consuelo que le prodiga su nieta? Este final irónico y piadoso es la burla más acerba que se ha hecho del orgullo humano y de la temeraria ligereza con que fijamos la frontera entre el bien y el mal».[2]
  • «Tal vez advierta la crítica detenida de El abuelo alguna lentitud en la marcha de la acción. Cierto; esta obra, como todas las comedias de Galdós descubren al novelista, que no se contenta con el rasgo característico, con la frase concisa, con la concentración dramática. Entre el género novelesco y el dramático creo yo ver una diferencia semejante a la que existe entre la brasa y la llama. La novela es más intensa, su calor más sostenido; el drama es más brillante, aunque su calor sea más efímero. Galdós no se contenta con esos resplandores... ahonda con detenimiento en el espíritu, analiza, amplifica, y esto, por fuerza, hace que la acción camine serena, sí, pero lenta. Esto no obstante, o a causa de esto, ¡cuántas bellezas de pensamiento, cuánta frase feliz, cuántos rasgos de honda observación psicológica esmaltan el curso sosegado de la acción!».[9]

Citas por autor

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Blasco Ibáñez

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Página principal: Blasco Ibáñez
  • «"- ¡Ah, el honor!- Si fuese algo material, ¡cómo serviría para abonar los campos!". Al oírse esto, hubo una parte del público que parecía encabritarse, echarse atrás como herido por la audacia del golpe y con deseos de responder cayendo sobre el autor, pero fuimos muchos los que aclamamos el atrevimiento del genio. Creo, como Galdós, que lo único humano, verdadero e inmutable es el amor».[10]
  • «Cuando hace algunos meses me dijo Galdós que llevaba El abuelo a la escena, convertido en drama, sentí interiormente deseos de protestar, callando únicamente por respeto al maestro. Convertir una novela en drama es algo, para mí, cual desarmar una estatua, articulándola para que gesticule y bracee como una muñeca; trocar en movimiento falso y desordenado la olímpica serenidad del mármol inmortal».[11]
  • «De El abuelo se deduce algo que el autor no se atreve a exponer ni a indicar siquiera, pero que salta ante una observación perspicaz. Dolly es buena por lo mismo que es hija del amor y no del matrimonio. Los hijos del amor son siempre los más hermosos y los más buenos. El contacto de dos cuerpos animados por la afinidad electiva, de dos seres que se funden sin pensar en ventajas materiales, únicamente porque se aman, es bendecido por la naturaleza. La adúltera de El abuelo amó al artista y su obra fue Dolly.
    Nell es la hija de ese matrimonio, en el que uno ama y el otro no; de esas noches blancas sin ardor y sin olvido, en las que se procrea por deber o por rutina, y el beso tiene el sabor vulgar y groseramente suculento del puchero doméstico».[2]
  • «El abuelo drama es una de las mejores obras (por no decir la mejor) de nuestro teatro moderno. Hay en él un quinto acto digno de Ibsen. No; digo mal, a cada uno lo suyo, sin establecer comparaciones. El dramaturgo noruego tiene sus obras y Galdós tiene El abuelo. Cada uno en su pedestal; que para ocupar el suyo el español, no necesita buscar apoyo en el escandinavo. El abuelo, novela, sigue siendo una gran novela; y el drama, el más conmovedor, el más genial y verdadero de cuantos hemos visto en España de muchos años a esta parte».[12]

Véase también

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Referencias

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  1. Pérez Galdós (1897), «Escena V. p. 47.» Consultado el 1 de marzo de 2020.
  2. 2,0 2,1 2,2 Hernández Cabrera (2013), p. 399. Consultado el 1 de marzo de 2020.
  3. Pérez Galdós (1897), p. 423. Consultado el 1 de marzo de 2020.
  4. Pérez Galdós (1897), El abuelo, Jornada I, Escena I, p. 4. Consultado el 1 de marzo de 2020.
  5. 5,0 5,1 Hernández Cabrera (2013), p. 397. Consultado el 1 de marzo de 2020.
  6. Pérez Galdós (1897), p. 146. Consultado el 1 de marzo de 2020.
  7. Pérez Galdós (1897), p. 150 Consultado el 1 de marzo de 2020.
  8. Hernández Cabrera (2013), p. 396. Consultado el 1 de marzo de 2020.
  9. Hernández Cabrera (2013), p. 401. Consultado el 1 de marzo de 2020.
  10. Hernández Cabrera (2013), p. 398. Consultado el 1 de marzo de 2020.
  11. Hernández Cabrera (2013), p. 400. Consultado el 1 de marzo de 2020.
  12. Hernández Cabrera (2013), p. 402. Consultado el 1 de marzo de 2020.

Bibliografía

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  • Hernández Cabrera, Clara Eugenia (2013). «El Abuelo y la prensa de su época». Vol. 2: III Congreso Internacional Internacional de Estudios Galdosianos. Casamuseo Pérez Galdós