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Narcís Oller (Valls, 10 de agosto de 1846-Barcelona, 26 de julio de 1930) fue un escritor español. Escribió la mayor parte de su obra en catalán.

CitasEditar

  • «Escribo la novela en catalán porque vivo en Cataluña, copio costumbres y paisajes catalanes y catalanes son los tipos que retrato, en catalán los oigo producirse cada día, a todas horas, como Vd. sabe que hablamos aquí. No puede Vd. imaginar efecto más falso y ridículo del que me causaría á mi hacerlos dialogar en otra lengua, ni puedo ponderarle tampoco la dificultad con que tropezaría para hallar en paleta castellana cuando pinto, los colores que me son familiares de la catalana».[1]
    • Nota: Carta a Benito Pérez Galdós (8 de diciembre de 1884)
    • Fuente: William H. Shoemaker (1970). «Una amistad literaria: la correspondencia epistolar entre Galdós y Narciso Oller.» Boletín de la Academia de Buenas Letras XXX (1960-1964), p. 22.[1]
  • «Vd. y Menéndez Pelayo, cada cual en su esfera respectiva, son las dos grandes potencias cerebrales de España (...). Es Vd. el maestro de los maestros. La penetración de concepto y de análisis que Vd. tiene aturde y me arranca lágrimas de admiración. Yo no sé ver nada de los demás españoles que iguale a las producciones de Vds».[2]
    • Nota: Carta a Benito Pérez Galdós (8 de febrero de 1890)
    • Fuente: William H. Shoemaker (1970). «Una amistad literaria: la correspondencia epistolar entre Galdós y Narciso Oller.» Boletín de la Academia de Buenas Letras XXX (1960-1964), p. 290.[2]

Citas sobre OllerEditar

  • «Para él en arte no hay más que un Dios: la realidad; ni más que una religión o forma de adoración: la pintura de esta realidad».
    • Original (en catalán): «Per ell en art no hi hà més qu'un Deu: la realitat; ni més qu'una religió ò forma d'adoració: la pintura d'aquesta realitat».[1]
    • Joan Sardá y Lloret
    • Fuente: L'Avens (25 de octubre de 1889)
  • «[Tanto Galdós como Oller] son visionarios de lo visible, alucinados de lo real que persiguen y descubren lo característico, lo simbólico, lo grotesco, lo melodramático, lo irónico y sobre todo la pronunciada individualidad de sus personajes, entre los cuales aparecen contrastes incesantes. Son mythopoets, cuyo campo predilecto de exploración mítica es la ciudad».[3]
    • Claudio Guillén
    • Fuente: Entre lo uno y lo diverso. Introducción a la literatura comparada, p. 374. Ed. Crítica. Barcelona (1985)

ReferenciasEditar