Discusión:Ernest Renan

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  • «Anhelaba regresar a mi vieja ciudad sombría, oprimida por su catedral, pero donde se sentía un fuerte sentimiento de protesta contra todo cuanto era vulgar y corriente. Me encontraba a mí mismo cuando veía de nuevo su alto campanario, su estrecha nave, su claustro, sus tumbas del siglo XV; y pensaba que yo también me encontraría a gusto junto a estos muertos, cerca de estos caballeros, de estas nobles damas, durmiendo un sueño tranquilo, con su galgo a sus pies y una gran antorcha de piedra en la mano».[1]
  • «Aquella confusa mezcla de presentimientos y de sueños, aquella sucesión de decepciones y esperanzas, aquellas aspiraciones incesantemente rechazadas por una odiosa realidad, encontraron al fin su intérprete en el hombre incomparable al que la conciencia universal ha concedido, con toda justicia, el título de Hijo de Dios, puesto que ha hecho dar a la religión un paso al que ningún otro pudo ni podrá probablemente ser comparado».[2]
  • «El acontecimiento capital de la historia del mundo es la revolución por la cual las más nobles porciones de la humanidad han pasado de las antiguas religiones englobadas bajo el vago nombre de paganismo a una religión basada en la unidad divina, la trinidad, la encarnación del Hijo de Dios».[3]
  • «He ahí algunos puntos sobre los cuales un espíritu reflexivo tiene que fijarse para ponerse de acuerdo consigo mismo. Los asuntos del mundo no se zanjan a través de esta especie de razonamientos; pero los hombres cuidadosos quieren introducir en estas materias alguna racionalidad y desenredar las confusiones en que se embrollan los espíritus superficiales».[4]
  • «Lo esencial no es tanto producir masas ilustradas, cuanto producir grandes genios y un público capaz de comprenderlos. Si la ignorancia de las masas es una condición necesaria de esto, tanto peor. La naturaleza no se detiene ante tales escrúpulos; sacrifica especies enteras para que otras hallen las condiciones esenciales de su vida. La muchedumbre debe pensar y gozar por procuración. La masa trabaja; algunos cumplen por ella las superiores funciones de la vida; ¡eso es la humanidad! Unos pocos viven por todos. Si quisiera cambiarse eso, nadie viviría».[5]
  • «Un filósofo crítico hubiera dicho a sus discípulos: "Respetad la opinión de los demás, y creed que nadie tiene razón tan completamente hasta el punto de que su adversario esté completamente equivocado". Pero la acción de Jesús nada tiene en común con la especulación desinteresada del filósofo».[6]
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