Abrir menú principal

Montesquieu

Cronista y pensador político francés

CitasEditar

 
Lettres familieres a divers amis d'Italie, 1767
  • «Alabar a los príncipes por las virtudes que no poseen, equivale a hablar mal de ellos impunemente».[1]
  • «Cuando, en un gobierno, al hablarse de la cosa pública, cada uno dice: «¿Qué me importa?» la cosa pública está perdida».[2]
  • «El amor al estudio es la única pasión que dura tanto como la vida; todas las demás se desvanecen a medida que la vejez avanza».[3]
  • «El azúcar sería demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producción. Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible no tenerles lástima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro».[4]
  • «El hombre de talento está naturalmente inclinado a la crítica, porque ve más cosas que los otros hombres y las ve mejor».[5]
  • «El hombre religioso y el ateo hablan continuamente de religión: el uno habla de lo que ama y el otro de lo que teme».[6]
  • «El talento es un don que Dios hace en secreto, y que nosotros revelamos sin saberlo».[7]
  • «En los Estados despóticos, la tranquilidad no es la paz; recuerda el silencio de esas ciudades que el enemigo acaba de ocupar».[8]
  • "Es una experiencia eterna que todo hombre que tiene poder tiende a su abuso".[9]
  • «Hasta que no haya leído un hombre todos los libros antiguos no hay razón para preferir los nuevos».[10]
  • «Hay dos clases de hombres: los que piensan y los que se divierten».[11]
  • «La ley debe ser como la muerte, que no exceptúa a nadie».[12]
  • «La mayoría de las veces, el éxito depende de cuánto hemos de tardar en lograrlo».[13]
  • «La sociedad no son los hombres, sino la unión de los hombres».[14]
  • «Los libros antiguos para los autores, los nuevos, para los lectores».[15]
  • «Las personas que tienen poco que hacer son por lo común muy habladoras: cuanto más se piensa y obra menos se habla».[16]
  • «Más Estados han perecido por la depravación de las costumbres que por la violación de las leyes. Todos los pueblos defienden mejor sus costumbres que sus leyes».[17]
  • «No tiene uno que poner vinagre en sus escritos; tiene que poner sal».[18]
  • «Nada pudo imaginarse de peor manera: Parecía que la naturaleza había dispuesto que las tonterías de los hombres fueran pasajeras; pero los libros las hacen inmortales».[19]
  • «Nunca he tenido una tristeza que una hora de lectura no haya conseguido disipar».[20]
  • «Prefiero dar la razón a la mayoría de personas que escucharlas».[21]
  • «Procurando instruir a los hombres es como puede practicarse la virtud general que comprende el amor a todos».[22]
  • «Quien lo ve todo, todo lo abrevia».[23]
  • «Se encierra a algunos locos en el manicomio para hacer creer que los que están fuera son cuerdos».[24]
  • «Siempre he podido comprobar que para triunfar en este mundo hay que tener aspecto de loco y proceder como un sabio».[25]
  • «Si nos bastase ser felices, la cosa sería facilísima; pero nosotros queremos ser más felices que los demás, y esto es casi siempre imposible, porque creemos que los demás son bastante más felices de lo que son en realidad».[26]
  • «Tan pronto como los hombres están en sociedad pierden el sentido de su debilidad».[27]
  • «Un poder termina por devorar a todo lo demás; dos por enfrentarse; tres mantienen el equilibrio, de modo que, si dos luchan, el tercero igualmente interesado en el orden se afiliará del lado del más débil».[9]

De sus librosEditar

El espíritu de las leyesEditar

  • «Uno debe darle a un poder un lastre, por así decirlo, para ponerlo en posición de resistir a otro».
    • Libro V, Capítulo 14.
  • «La democracia y la aristocracia no son estados libres por su naturaleza. La libertad política solo se encuentra en gobiernos moderados. Pero ella no siempre está en los estados moderados. Está allí solo cuando uno no abusa del poder: pero es una experiencia eterna, que todo hombre que tiene poder se inclina a abusar del mismo; él va hasta que encuentra límites. ¿Quién lo dirá? la virtud misma necesita límites."
    "Para que no se pueda abusar del poder hace falta que, por la disposición de las cosas, el poder detenga al poder. Una constitución puede ser tal que nadie se verá obligado a hacer las cosas que la ley no le obliga, y no hacer aquellas que la ley le permite».
    • Libro XI, Capítulo 4.[28]
  • «En cada Estado existen tres clases de poderes: la potestad legislativa, la potestad ejecutiva de las cosas que proceden del derecho de gentes y la potestad ejecutiva de aquellas que dependen del derecho civil.
    En virtud de la primera, el Príncipe o Magistrado hace leyes transitorias o definitivas, y enmienda o deroga las existentes. Por la segunda, hace la paz o la guerra, envía o recibe embajadas, establece la seguridad pública y previene las invasiones. Por la tercera, castiga a los criminales, o determina las disputas que surgen entre los particulares. Se dará a ésta ultima el nombre de potestad de juzgar, y la otra, simplemente, la potestad ejecutiva del Estado».
    «Cuando en la misma persona o en el mismo cuerpo de magistratura, la potestad legislativa y la potestad ejecutiva están reunidas, no puede haber libertad; porque se puede temer que el mismo monarca o senado pueda hacer leyes tiránicas, para ejecutarlas tiránicamente».
    «De nuevo, no hay libertad, si la potestad de juzgar no está separada de la potestad legislativa y de la ejecutiva. Si estuviese unida a la potestad legislativa, el poder sobre la vida y la libertad de los ciudadanos sería arbitrario; debido a que el juez sería el legislador. Si se uniera a la potestad ejecutiva, el juez podría tener la fuerza de un opresor».
    «Todo estaría perdido, si el mismo hombre, o el mismo cuerpo de los principales, o de los nobles, o del pueblo, ejerciese estos tres poderes: el de hacer las leyes, el de ejecutar las resoluciones públicas, y el de juzgar los crímenes o las diferencias entre los particulares».
    «La potestad ejecutiva debe estar entre las manos de un monarca, porque esta parte del gobierno, que tiene casi siempre necesidad de una acción momentánea, está mejor administrada por uno que por varios; mientras que lo que depende de la potestad legislativa está mejor ordenada por varios que por uno sólo».
    «Pero si no hubiera monarca y la potestad ejecutiva fuera confiada a un cierto número de personas sacadas del cuerpo legislativo, no habría ya libertad, porque los dos poderes estarían unidos, ya que las mismas personas tendrían a veces, y podrían siempre tener, parte la una en la otra».
    • Libro XI, Capítulo 6.[29]

ReferenciasEditar

  1. Ortega Blake (2013), p. 128.
  2. Ortega Blake (2013), p. 1927.
  3. Ortega Blake (2013), p. 1614.
  4. «Los pecados de Haití» (15 enero 2010). Consultado el 26/04/2018
  5. Amate Pou (2017), p. 108.
  6. Ortega Blake (2013), p. 3590.
  7. Amate Pou (2017), p. 3935.
  8. Ortega Blake (2013), p. 3999.
  9. 9,0 9,1 Cosculluela Montaner, Luis (2013), Manual de Derecho Administrativo parte general, Vigésimo cuarta edición..
  10. Ortega Blake (2013), p. 2455.
  11. Ortega Blake (2013), p. 1310.
  12. Amate Pou (2017), p. 2412.
  13. Ortega Blake (2013), p. 1647.
  14. Ortega Blake (2013), p. 4067.
  15. Ortega Blake (2013), p. 2451.
  16. Ortega Blake (2013), p. 2019.
  17. Ortega Blake (2013), p. 977.
  18. Ortega Blake (2013), p. 1554.
  19. Ortega Blake (2013), p. 2298.
  20. Amate Pou (2017), p. 111.
  21. Ortega Blake (2013), p. 3524.
  22. Ortega Blake (2013), p. 2309.
  23. Ortega Blake (2013), p. 2317.
  24. Ortega Blake (2013), p. 2506.
  25. Ortega Blake (2013), p. 4062.
  26. Amate Pou (2017), p. 1747.
  27. Ortega Blake (2013), p. 1088.
  28. «Esprit des lois (1777)/L11/C4 - Wikisource» (en fr). Consultado el 2018-06-17
  29. «Esprit des lois (1777)/L11/C6 - Wikisource» (en fr). Consultado el 04 de mayo de 2018

BibliografíaEditar