Xavier Velasco

escritor mexicano

Xavier Velasco (7 de noviembre de 1964) Escritor y articulista mexicano ganador del Premio Alfaguara de Novela en el 2003 por su novela Diablo Guardián.

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Éste que ves (2006)Editar

  • Tal vez el principal problema del infierno sea su atróz carencia de señalización.
  • Uno acepta cierto número de rechazos, hasta que se convierte en un solitario arrogante, de modo que parezca que se alejó primero.
  • El problema con los problemas es que crecen y traen al mundo problemitas.
  • Las historias, a veces también tienen su historia.
  • Escribir no es ganar, sino echar a perder.
  • Escribir es lanzarse a perder todo por nada, creyendo que no hay otra forma de ganar. Se pierden los amigos, las fiestas, los juegos de los otros. No es raro así que quien se mete en esto a edad temprana carezca de por sí de esas opciones.
  • Se escribe, igual que se ama o que se vive, porque no queda más alternativa, ni se ve escapatoria tolerable.
  • Cuando ha prendido el vicio -de vivir, de amar, de escribir- la abstinencia ocasiona una vergüenza íntima que es amiga entrañable de la culpa y prima hermana de la frustación.
  • Un cuaderno repleto de garrapatas negras y moscones de todos los tamaños (tacha uno los renglones, y hasta los párrafos) es el juguete más emocionante que he tenido de los nueve años para acá.
  • Sólo una perspectiva me atemoriza más que meterme todo el tiempo en problemas: la de vivir sin ellos.
  • Podía contar su historia entera cualquier día de la semana. Ahora bien, una cosa es contarla y otra muy diferente contársela a uno mismo. Es decir, escribirla.


MATERIALISMO HISTÉRICO

  • Voy a hablar de esos besos no porque me divierta, ni porque se me antoje, ni porque sepa cómo liberarme de los fantasmas que inevitablemente invocaré al hacerlo. Voy a hablar de esos besos sólo para podar un poco sus enredaderas: recuerdos mentecatos que se me van trepando por el cuerpo, chupándome los jugos y el sosiego, apestándome el alma, contaminándome los sueños de pesadillas donde yo tengo todo menos perdón de Dios.
  • ¿Qué hacer cuando se mira uno cautivo dentro de una burbuja de plástico irrompible? Romperla, por supuesto. Porque en mi caso la burbuja la había construido yo, y si he de remitirme a la experiencia, todo lo que yo hago se rompe.
  • No quedaba una sola promesa en sus pupilas, solamente amenazas. Una de esas miradas de las que no se sale fácil, como si dentro de ella se hallara algún botín largamente anhelado, de modo que dejar de mirar a esos ojos era temer en riesgo el porvenir entero. Bastaba con entrar apenas en materia para que los cuchillos húmedos de sus pupilas contrabandearan luz y traficaran quimera por las otrora herméticas aduanas del alma. Entremos pues allí, en materia quimérica.
  • Hay quienes piensan que el amor es aquel sentimiento purísimo que germina y florece entre dos almas. No se deje engañar: el amor se aparece como el cazador, que va por la penumbra en busca de una víctima propicia, la elige y le dispara; más tarde la devora, y es cuando más la quiere.
  • En cuanto a lo terrible de mi vida, no sabría decirle por dónde empezó. Sucedió como tantas tragedias mustias, que no comienzan propiamente nunca, pero encuentran el modo de enquistarse en la rutina y atraparnos despacio, sutilmente, haciéndonos firmar una por una las capitulaciones necesarias para que cualquier día nos descubramos muertos.