Robert G. Ingersoll

político, activista, orador y abogado estadounidense
Robert G. Ingersoll
«La cólera es una ráfaga de viento que apaga la lámpara de la inteligencia».
«La cólera es una ráfaga de viento que apaga la lámpara de la inteligencia».
Véase también
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Robert G. Ingersoll (Dresden, Nueva York, 11 de agosto de 1833 – Dobbs Ferry, Nueva York, 21 de julio de 1899) fue un político estadounidense.

  • «Blasfemia es la palabra que la mayoría sisea en los oídos de la minoría».[1]
  • «Cuanta más falsedad destruyamos más espacio habrá para la verdad».[2]
  • «La cólera es una ráfaga de viento que apaga la lámpara de la inteligencia».[3]
  • «La felicidad no es un premio, sino una consecuencia. El sufrimiento no es un castigo, sino un resultado».[4]
  • «La prueba más grande de valor en este mundo es saber sobrellevar una derrota sin perder el ánimo».[5]
  • «Las costumbres nos toman en la cuna y nos abandonan en la tumba».[6].[7]
  • «Las universidades son lugares donde los guijarros son pulimentados y los diamantes empañados».[8]
  • «Podemos ser felices sin ser ricos ni famosos, y no es seguro que aun siéndolo se consiga la felicidad».[9]

Reflexiones y tesis

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  • «En la mayor parte heredamos nuestras opiniones. Somos los herederos de hábitos y costumbres mentales. Nuestras creencias, como la apariencia de nuestras prendas, dependen del lugar en el que hemos nacido. Estamos moldeados y formados por nuestro entorno».[10]
  • «En tanto que la iglesia tenga el poder de cerrar los labios de los hombres, la superstición gobernará el mundo».[1]
  • «¿Quién podría estimar el progreso del mundo si todo el dinero mal gastado en supersticiones podría utilizarse para iluminar, elevar y civilizar a la humanidad?».[11]
  • «Yo preferiría haber sido un campesino francés y usar zapatos de madera; Preferiría haber vivido en una choza, con una vid creciendo sobre la puerta y las uvas prosperando y madurando en el sol de otoño; Preferiría haber sido ese campesino, con mi esposa a mi lado y mis hijos sobre mis rodillas, entrelazando sus brazos en afecto alrededor mío; Preferiría haber sido ese campesino francés y marcharme finalmente a la promiscuidad eterna del polvo, junto a mis seres queridos; Preferiría mil veces ser ese campesino francés que esa personificación imperial de fuerza y asesinato; y así lo haría, diez mil veces mil».[12]

Referencias

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  1. 1,0 1,1 En la tumba de un niño (1882). Panegírico (8 de enero de 1882)
  2. "Ortodoxia" (1884). Obras completas de Robert G. Ingersoll (1902) Vol. 2. pág. 343. [referencia incompleta]
  3. Señor (1997), p. 303.
  4. Señor (1997), p. 228.
  5. Señor (1997), p. 541.
  6. Señor (1997), p. 107.
  7. Ortega (2013), p. 976.
  8. Señor (1997), p. 186.
  9. Ortega (2013), p. 1744.
  10. «Por qué soy un agnóstico» (1896).
  11. «Algunos errores de Moisés» (1879). Sección II. Escuelas Libres.
  12. Soliloquio en la tumba de Napoleón Bonaparte (1882). Existen diversas versiones, como por ejemplo: «Prefiero ser el más humilde campesino que jamás ha existido... en paz con el mundo, que ser el mejor cristiano que jamás haya existido», según Billy Sunday (26 de mayo de 1912), en Nunca lo dijeron: Un libro de citas falsas, erróneas y atribuciones engañosas (1989), pp. 52-53, por Paul F. Boller, Jr., y John George. [referencia incompleta]

Bibliografía

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  • Ortega Blake, Arturo (2013). El gran libro de las frases célebres. Penguin Random House Grupo Editorial. México. ISBN 6073116314, 9786073116312. En Google Libros.
  • Señor, Luis (1.ª ed. 1997/2017). Diccionario de citas. Espasa Calpe.  ISBN 8423992543.