Natália Correia

escritora portuguesa
Natália Correia
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Natália Correia (Fajã de Baixo, isla de San Miguel, Azores 13 de septiembre de 1923-Lisboa, 16 de marzo de 1993) fue una poetisa, novelista, intelectual, ensayista y política portuguesa.

CitasEditar

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  • «[...] no sirvo para las revoluciones. Estas, por supuesto, colapsan a las estructuras para rehacerlas con el mismo cemento de codicia del poder. Porque en lo que queda por hacer, la apertura del psique humana a la plenitud del ser, estoy acusando de todo corazón a la historia de habernos ocultado que todas las revoluciones, hasta nuestros días, han sido ejercicios desnaturalizados de la Verdad».
    • Original: «[...] não sirvo para revoluções. Estas, bem entendido, que desmoronam estruturas para as refazer com o mesmo cimento da gula do poder. Porque no que está por fazer, a abertura da psique humana à plenitude do ser, estou eu de alma inteira a acusar a história de nos ter escondido que todas as revoluções foram até hoje desnaturados exercícios da Verdadeira [...]».[1]
    • Fuente: Introducción a la 3.ª ed. de Epístola aos Iamitas (1.ª ed., Lisboa, Publicação Dom Quixote, 1976). EN: CORREIA, Natália, Poesia Completa/O Sol nas Noites e o Luar nos Dias, Ops. Cit., p. 413
  • «[...] ¡Qué lánguida maravilla
    La tierra yaciendo en el mar
    Cuando la luz rodea la isla
    Por la delicada cintura!
    Florestas silenciosas y lúcidas
    Del bosque primordial.
    Paz de pastos y puestas de sol,
    carmines que purifican el mar. [...]».
    • Original: «[...] Que lânguida maravilha
      De terra no mar deitada
      Quando a luz enlaça a Ilha
      Pela cintura delicada!
      Matas silentes e lúcidas
      Do bosque primordial.
      Paz de pastos e poentes,
      carmins que purpuram o mar».[2]
    • Fuente: «Poema Posto em Saudade». Inéditos 1976/79. EN: CORREIA, Natália, Poesia Completa, O Sol nas Noites e o Luar nos Dias. Lisboa, Publicações Dom Quixote, 2.ª ed., 2000, p. 434.
  • «[...] Querida Madre Tierra, vayamos a las cuentas:
    ya plata fría en mi pelo de serpientes
    Y en el daño, en la aflicción y en la sombra afrenta
    En el cuerpo la imagen que te debe las sobras [...]».
    • Original: «[...] Ciosa Terra Mãe, vamos às contas:
      já fria prata em meus cabelos cobras
      E em estrago, em sânie e sombra afrontas
      No corpo a imagem que te deve as sobras [...]».[3]
    • Fuente: «Necessário é satisfazer o oficio das trevas». Sonetos Românticos, p. 59. Lisboa, Edições O Jornal, 1.ª ed., 1990.</ref>
  • «Volando sobre una orografía de nubes lechosas, el Boeing 727 me lleva implacablemente a un mundo de fantasmas cuya proximidad aprieta mi estómago como una agonía. Con su impecable asistencia, las hospitalarias azafatas de TAP parecen adivinar [...] la angustia con la que desciendo vertiginosamente la cuesta del regreso. [...] Retaré a los fantasmas de la infancia. Desafiar es crecer.
    Una gota de miel derramada en un mar de plomo. Es Santa Maria. Cuando la vislumbramos de lejos, desde el vertedero, era señal de lluvia. Dicen que el vertedero ya no existe. ¿Quién robó este observatorio de lo imposible de mi infancia? ¿Quién más me habría robado? Llévame todo menos el banco de Antero. Fue allí donde me encontré tímidamente diferente de las otras niñas. Ahora estoy decidido a reclamar mis fantásticas posesiones de la infancia. La casa de la Rua dos Mercadores con las tías que tenían nombres de flores azotadas por el viento que sopló la poética demencia de la abuela. Y en el centro, la madre, haciendo reír y llorar al piano negro brillante. ¡Date prisa, comandante de esta nave aérea! Haz que tu nave vuele a la velocidad de la sangre que fluye hacía su origen [...]».
    • Original: «Sobrevoando uma orografia leitosa de nuvens, o Boeing 727 arrebata-me implacavelmente para um mundo de fantasmas cuja proximidade me aperta o estômago como uma agonia. Na sua impecável assistência, as hospitaleiras aeromoças da TAP parecem adivinhar [...] a expectante angústia com que vertiginosamente desço o declive do regresso. [...] Vou desafiar os fantasmas da infância. Desafiar é crescer.
      Uma gota de mel derramada num mar de chumbo. É Santa Maria. Quando a vislumbrávamos de longe, do Aterro, era sinal de chuva. Dizem que o Aterro já não existe. Quem roubou á minha infância esse observatório do impossível? Quem mais me teriam roubado? Levem-me tudo menos o banco de Antero. Foi nele que timidamente me achei diferente das outras crianças. Agora estou decidida a reivindicar as minhas fantásticas posses infantis. A casa da Rua dos Mercadores com tias que tinham nomes de flores açoitadas pelo vento que soprava a demência poética da avó. E no centro, a mãe, fazendo rir e chorar o piano negro e lustroso. Depressa, capitão deste navio aéreo! Faz voar a tua nave á velocidade do sangue que corre para a origem [...]».[4]
    • Fuente: «Ilha no manso azul de mãe esperando». Mãe ilha, II. Sonetos românticos. Lisboa, Edições O Jornal 1.ª ed. 1990, p. 24

ReferenciasEditar

  1. Almeida (2015), p. 2. Consultado el 6 de marzo de 2021.
  2. Almeida (2015), p. 5. Consultado el 6 de marzo de 2021.
  3. Almeida (2015), p. 3. Consultado el 6 de marzo de 2021.
  4. Almeida (2015), p. 4. Consultado el 6 de marzo de 2021.

BibliografíaEditar