Mujeres de ojos grandes

Mujeres de ojos grandes
Título original Mujeres de ojos grandes
Autor Ángeles Mastretta
Idioma Español
País México
Género Novela, Exposición vivencial, Drama, Romanticismo

En la presente novela, Ángeles Mastretta nos habla de diversos romances y vidas cotidianas de mujeres. Cada una de ellas bajo distintos enfoques. Picaresco, Amable, Romántico, Artificial y de Desamor. Pudiese recordar a su obra Maridos del año 2007.

CitasEditar

  • «Ésta es una necedad de mi cuerpo que si a alguien le cuesta quiero que nada más sea a él»
  • ¿Podría tener el corazón podrido de pecados por su conocimiento de todo lo que pasaba entre las faldas y pantalones de la ciudad, de todas las necedades que impedían la dicha ajena, y de tanta dicha ajena que no era sino necedad?».
  • «Padre dije mentiras —contó la tía.

—¿Mentiras blancas? —preguntó el padre. —Mentiras necesarias —contestó la tía. —¿Necesarias para el bien de quién? —volvió a preguntar el padre. —De una honra, padre —dijo la tía. —¿La persona auxiliada es inocente? —No lo sé padre —confesó la tía. —Doble mérito el tuyo —dijo el español—. Dios te conserve la lucidez y la buena leche, Ve con él. —Gracias padre —dijo la tía. —A ti— le contestó el extraño sacerdote, poniéndola a temblar».

  • «—ellos pueden tener el anillo antes que la novia, hasta pueden elegir una novia que le haga juego al anillo. En cambio, nosotras sólo tenemos que esperar. Hay quienes esperan durante toda su vida, y quienes cargan para siempre con un anillo que les disgusta, ¿no crees? —le preguntó a su madre durante la comida».
  • «Cuando salió de la angustia propia de las sorpresas [...] empezó a llorar por sus hermanas, por su madre, por sus amigas, por su barrio, por la catedral, por el zócalo, por los volcanes, por el cielo, por el mole, por las chalupas, por el himno nacional, por la carretera a méxico, por cholula, por cuetzalan, por los aromados huesos de su papá, por las cazuelas, por los chocolates rasposos, por la música, por el olor de las tortillas, por el río San francisco, por el rancho de su amiga Elena y los potreros de su tío abelardo, por la luna de octubre, la de marzo, por el sol de febrero, ¡por su arrogante soltería!».
  • «... con su ruborizarse cada vez que oía un coño y su terror porque ahí todo el mundo se cagaba en dios por cualquier motivo y juraba por la hostia sin ningún miramiento».
  • «Les puso letra a unos preludios de chopin y los cantaba evocando romances que nunca se le conocieron».
  • «Tenía con ella la protección, la risa, y los placeres suficientes. Con frecuencia viendo dormir a sus hijos y leer a su marido hasta le pareció que le sobraban bendiciones».
  • «No tenía miedo de nada, lo que le estaba pasando ya era su penitencia y su otro mundo. Estaba segura de que al morirse no tendría fuerzas para ningún tipo de vida, menos la eterna».
  • «Él comprobaba así la teoría que su padre y su abuelo, ardientes lectores de schopenhauer, habían encontrado en él con toda claridad, las causas y certidumbres filosóficas de la falta de cerebro en las mujeres».
  • «Con el tiempo supo, que la cosa era peor, que esa pena iba a seguirla por la vida con la misma asiduidad con la que la seguían las piernas».
  • «Durante horas oyó cada una de sus palabras tratando de intuir de dónde venían. No adivinó».
  • «—Ay hija —le contestó su madre, acariciandola mientras hablaba— sino he podido creer en la verdadera religión ¿cómo se te ocurre que voy a creer en una falsa?».
  • «La tía les tenía terror a los hospitales porque aseguraba que era imposible que unos desconocidos quisieran a la gente que veían por primera vez».
  • «Se consiguió una sonrisa suave y cuidadosa que esgrimía frente a quienes se empeñaban en convencerla de cuán bella y altruista profesión era el matrimonio, una risa que quería decir algo así como: —Ustedes no entienden nada, y yo no me voy a tomar la molestia de seguir explicándoles».
  • «Corrió el agua empujada por sus últimas fuerzas y se puso a llorar sal en la sal. Le dolían los pies, las rodillas, los muslos. Le ardían de Sol los hombros y la cara. Le dolían los deseos, el corazón, y el pelo ¿por qué estaba llorando? ¿No era hundirse ahí lo único que deseaba?».
  • «Creo que el amor, como la eternidad, es una ambición Una hermosa ambición de los humanos».
  • «A la gente le cuesta soportar la felicidad ajena. Y si la felicidad viene de lo que parece ser un acuerdo con otro, entonces simplemente no es soportable».
  • «Decía su padre que el tiempo era una invención de la humanidad: nunca creyó ese aforismo con tantas fuerzas».
  • «Hubiera querido ser un globo de esos que los niños dejan ir al cielo, para después llorarlos como si hubieran puesto algún cuidado en no perderlos».
  • «Nadie entendió por qué ella no se estaba quieta más de cinco minutos. Tenía que moverse porque de otro modo se le encimaban las fantasías. Y ella sabía muy bien que se castigan, que desde que las empieza uno a cometer llega el castigo, porque no hay peor castigo que la clara sensación de que uno está soñando con placeres prohibidos».
  • «Cierro los ojos para ver si se escapa, pero no. Entonces hablo con Dios: Tu me la dejaste, te consta que he soportado todo el día de lucha. Ésta va a ganarme y a ver si mañana me quieres perdonar».
  • «Cada luna es distinta, cada luna tiene su propia historia. Dichosos quienes pueden olvidar su mejor luna».
  • «Hay gente con la que la vida no se ensaña, gente que no tiene una mala racha sino una continua sucesión de tormentas».
  • «Hay muchas maneras de dividir a los seres humanos yo los divido entre los que se arrugan para arriba y los que se arrugan para abajo, y quiero pertenecer a los primeros. Quiero que mi cara de vieja no sea triste, quiero tener las arrugas de la risa y llevármelas conmigo al otro mundo. Quién sabe lo que habrá que enfrentar allá».
  • «Al contrario cada historia, cada lugar, cada personaje, había servido siempre para que ella se hundiera en la nostalgia de solo ser ella».
  • «Quiero estar en la película de mi muerte haciendo algo más que morirme a espaldas de todo el mundo».
  • «Porque el mundo no es tan grande como para que no demos con él y entonces le vas a recordar sus palabras».
  • «No me lo puedo permitir, no me lo voy a permitir. Sea por Dios que algo tiene de prohibido, y por eso está bendito».
  • «Se enamoró como se enamoran siempre las mujeres inteligentes: como una idiota».