Guillermo Cabrera Infante

escritor cubano
Guillermo Cabrera Infante
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Guillermo Cabrera Infante (Gibara, Cuba, 22 de abril de 1929-Londres, 21 de febrero de 2005) fue un escritor y guionista cubano, que después de abandonar su país obtuvo la ciudadanía británica. Recibió el Premio Cervantes en 1997.

CitasEditar

  • «He aprendido que la física es mas importante que la metafísica».[1]
  • «Lo malo de ser cubano es que, en cuanto uno habla en serio, suena a la letra de un bolero conocido».[2]
  • «Soy el único escritor inglés que escribe en español».[3]
  • «El escritor viaja en su arca de palabras para encontrarse con el lector más allá del diluvio, donde las páginas se llenan de palabras escogidas por un Noé, que ha oído la voz de un Dios literario que le ordena navegar por esos mares de locura. El escritor, por intermedio de estibadores, almacenistas y agentes de aduana (léase editores y libreros), entrega al lector su carga de palabras. Pero para entonces el viaje ha terminado. El escritor no siente pena porque su placer siempre estuvo en la travesía.»[4]
  • «Fui al cine de día, asistía al acto maravilloso de pasar del sol vertical de la tarde, cegador, a entrar al teatro cegado para todo lo que no fuera la pantalla, el horizonte luminoso, mi mirada volando como polilla a la fuente fascinante de luz.»[5]
  • «Siempre fui un atrasado para el sexo, aunque un adelantado para el amor.»[6]
  • «Ahora apenas atendía a lo que ella me decía entre los besos o el largo beso sostenido, hablando ella ese esperanto del amor, el idioma que siempre espera más que expresa, sordo yo porque estaba más interesado en el beso en sí que en su literatura —en otra época podría haber dicho que atendía más a su lengua que a su lenguaje-.»[7]
  • «Siempre he preferido la conversación con mujeres (no sólo suelen ser más bellas que los hombres, sino menos veraces pero más verdaderas).»[8]
  • «Pero ahora que Violeta se abría […] entraba yo en ese umbral del útero, me recibió como si llegara a mi casa, entré en sus casillas, el peón que se hacía reina. En ese instante comenzó a moverse con una naturalidad […] que no me ocultaba nada, que lo ofrecía todo sin artificio.»[9]
  • «Lo que necesito es una máquina del tiempo para vivirlo (el pasado) de nuevo. Esa máquina es la memoria.»[10]

ReferenciasEditar

  1. Hernández Cuéllar, Jesús. «Lo peor del dragón está en la cola.» Cubanet.org.
  2. Albaigès Olivart, José María (1997). Un siglo de citas. Planeta. p. 349. 
  3. Sutherland, John. Lives of the Novelists: A History of Fiction in 294 Lives, p. 245. Yale University Press, 2012. ISBN 0-300-18243-0.
  4. GCI: Vidas para leerlas. Alfaguara. Madrid, 1998, p. 286.
  5. GCI: La Habana para un infante difunto. Club internacional del libro. Madrid, 1998, p. 36.
  6. GCI: La Habana para un infante difunto. Club internacional del libro. Madrid, 1998, p. 48.
  7. GCI: La Habana para un infante difunto. Club internacional del libro. Madrid, 1998, p. 56.
  8. GCI: La Habana para un infante difunto. Club internacional del libro. Madrid, 1998, p. 129.
  9. GCI: La Habana para un infante difunto. Club internacional del libro. Madrid, 1998, p. 481.
  10. GCI: La Ninfa inconstante. Círculo de lectores. Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2008, pág. 11.