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El tango de la guardia vieja

libro de Arturo Pérez-Reverte
El tango de la guardia vieja
Autor Arturo Pérez-Reverte
Publicación 2012 (hace 7 años)
Idioma español


El tango de la guardia vieja es una novela del escritor español y miembro de la Real Academia de la Lengua Arturo Pérez-Reverte. El tango es una novela de amor, intriga y ajedrez que transcurre a través de cuatro décadas en torno a tres momentos puntuales: en un buque de vapor y en el Buenos Aires de 1928, en la Niza de 1937, y en el Sorrento de los años 60' en plena Guerra Fría. Los protagonistas de dicha novela son el elegante bailarín y luego chófer Max Costa y la rica y distinguida Mecha Inzunza.

CitasEditar

  • «Cualquiera que conozca el lado oscuro de las cosas entiende que quienes perdieron su sombra son como las mujeres con un pasado que contraen matrimonio: nadie más fiel que ellas, pues saben lo que arriesgan. Pero no será Max Costa quien, a estas alturas, ilustre al doctor Hugentobler sobre la fugacidad de las sombras, la honestidad de las putas o la honradez forzosa de los viejos bailarines de salón, más tarde ladrones de guante blanco.»
    • Capítulo 1. El bailarín mundano.
  • «Una mujer nunca es sólo una mujer, querido Max. Es también, y sobre todo, los hombres que tuvo, que tiene y que podría tener. Ninguna se explica sin ellos… Y quien accede a ese registro posee la clave de la caja fuerte. El resorte de sus secretos.»
    • Capítulo 1. El bailarín mundano. Dicho por el conde Boris Dolgoruki-Bragation.
  • «Le asombraría saber cuántas niñas sueñan con vestirse de princesas, y cuántas mujeres adultas desean vestirse de putas.»
    • Capítulo 2. Tangos para sufrir y tangos para matar. Dicho por Mecha Inzunza.
  • «Se requiere mucha inteligencia para disfrazar de artificio las propias emociones.»
    • Capítulo 2. Tangos para sufrir y tangos para matar.
  • «Incluso al envejecer, se dice Max con melancolía, ciertos animales hermosos pueden hacerlo razonablemente bien.»
    • Capítulo 3. Los muchachos de antes.
  • «Ninguna mujer, ni siquiera la mía, vale más de un billete de cien pesos o una noche en vela, a menos que uno esté enamorado de ella.»
    • Capítulo 3. Los muchachos de antes.
  • «– Dígame cómo lo miro –dijo Mecha Inzunza.
    Max sonrió de pronto, con aparente sencillez. Aquélla era su mejor mueca de buen chico, ensayada cientos de veces ante espejos de hoteles baratos y pensiones de mala muerte.
    –Hace sentir lástima por los hombres a quienes nunca una mujer miró así.»
  • Capítulo 4. Guantes de mujer.
  • «Los hombres acariciados por muchas mujeres cruzarán el valle de las sombras con menos sufrimiento y menos miedo.»
    • Capítulo 4. Guantes de mujer.
  • «Ni se te ocurra, Max. Si dices que fui el gran amor de tu vida, me levanto y me voy.»
    • Capítulo 4. Guantes de mujer. Dicho por Mecha Inzunza
  • «Te asombraría lo que tener dinero simplifica las cosas.»
    • Capítulo 5. Una partida aplazada. Dicho por Mecha Inzunza.
  • «La peor obsesión de un ajedrecista es una partida aplazada.»
    • Capítulo 5. Una partida aplazada.
  • «Cada época tiene su momento. Y su gente. La mía acabó hace tiempo, y yo detesto los finales prolongados. Hacen perder los modales.»
    • Capítulo 6. El paseo de los ingleses. Dicho por Max Costa.
  • «Compartir almohada es compartir secretos.»
    • Capítulo 6. El paseo de los ingleses.
  • «A fin de cuentas, en algún momento de su vida toda mujer es víctima temporal de su útero o de su corazón.»
  • Capítulo 7. Sobre ladrones y espías.
  • «- Nunca me gustaron las guerras. Los tipos como yo suelen perderlas.
    - Ahora ya da lo mismo. Pero me gusta que no hayas estropeado tu sonrisa de buen muchacho… Esa elegancia que mantienes como el último cuadro en Waterloo. Me recuerdas mucho al hombre que olvidé. Has envejecido, y no hablo del físico. Supongo que les ocurre a todos los que alcanzan alguna clase de certidumbre… ¿Tienes muchas certidumbres, Max?
    - Pocas. Sólo que los hombres dudan, recuerdan y mueren.
    - Debe de ser eso. Es la duda la que mantiene joven a la gente. La certeza es como un virus maligno. Te contagia de vejez.»
    • Capítulo 7. Sobre ladrones y espías. Conversación entre Max Costa y Mecha Inzunza.
  • «En esencia, el único día realmente fácil en su vida era el que cada noche, al sumirse en un sueño siempre indeciso e inquieto, lograba dejar atrás.»
    • Capítulo 7. Sobre ladrones y espías.
  • «Quién podría decir, mirándose a los ojos en un espejo: no traicioné nunca, o no lo haré jamás.»
    • Capítulo 8. La vie est brève.
  • «Ser el primero exige un trabajo infernal. Sobre todo cundo nunca llegas a serlo.»
    • Capítulo 8. La vie est brève. Dicho por Irina Jasenovic.
  • «Toda oportunidad tenía su coste, decidió. Su ruleta por girar.»
    • Capítulo 8. La vie est brève.
  • «Es agradable ser feliz, pensó. Y saberlo mientras lo eres.»
    • Capítulo 8. La vie est brève.
  • «¡No te haces idea de lo que una mujer es capaz de fingir cuando se juega algo!»
    • Capítulo 9. La variante Max.
  • «Olvidar con una mueca de buen perdedor lo que otro tiempo fue, asumir lo que ahora es, y aceptar lo que nunca podrá ser. Sin embargo, hay impulsos, concluye. Hay instintos, curiosidades que unas veces pierden a los hombres y otras hacen caer la bolita en la casilla adecuada de la ruleta. Caminos que, pese a los consejos de la más elemental prudencia, es imposible soslayar cuando se ofrecen a la vista. Cuando tientan con respuestas a preguntas nunca formuladas antes.»
  • Capítulo 10. Sonidos de marfil.
  • «– Detesto ese restaurante – dijo –. Siempre sale el dueño a saludar.
    – ¿Y qué tiene eso de malo?
    – Mucho. Todo empezó a fastidiarse el día en que modistos, peluqueros y cocineros se mezclaron con la clientela.»
    • Capítulo 10. Sonidos de marfil. Conversación entre Max y Mecha.
  • «Esto no es como en el cine. No soy Cary Grant, el de aquella absurda película del ladrón de hoteles… La vida real nunca tiene final feliz.»
    • Capítulo 10. Sonidos de marfil.
  • «Nunca te preguntaste cómo ve el mundo la gente sin dinero ¿verdad?... Cómo abre cada mañana los ojos y se enfrenta a la vida.»
    • Capítulo 11. Costumbres de lobo viejo.
  • «Jesucristo predicó lo de seamos hermanos, pero nunca dijo comportaos como unos primos.»
    • Capítulo 11. Costumbres de lobo viejo.
  • «– Si pudiéramos volver atrás, quizá las cosas fueran… No sé. Otras.
    – Nunca son diferentes. Cada cual arrastra consigo su estrella. Las cosas son lo que deben ser.»
  • Capítulo 12. El tren azul. Conversación entre Max Costa y Mecha Inzunza.
  • «Un aventurero decía “Yo vivo de mi sable y mi caballo” […] Me ocurre algo parecido. Vivo de lo que llevo conmigo. De lo que encuentro en el camino.»
    • Capítulo 12. El tren azul. Dicho por Max Costa.
  • «Cuando veo todas esas camisas negras, pardas, rojas o azules, exigiendo que te afilies a esto o aquello, pienso que antes el mundo era de los ricos y ahora va a ser de los resentidos. Yo no soy ni una cosa ni otra. Ni siquiera logro el resentimiento, aunque me esfuerce. Y te juro que lo hago […] Creo que en el mundo de hoy la única libertad posible es la indiferencia. Por eso seguiré viviendo con mi sable y mi caballo.»
    • Capítulo 12. El tren azul. Dicho por Max Costa.
  • «Un caballero auténtico es aquel a quien, siéndolo, no le importa serlo o no.»
    • Capítulo 13. El guante y el collar.

BibliografíaEditar

Arturo Pérez-Reverte. El tango de la Guardia Vieja. Editorial Penguin Random House Grupo Editorial España, 2012. ISBN 978-84-2041-323-5.