Antonio Ortuño

Antonio Ortuño es un escritor mexicano nacido en Guadalajara (Estado de Jalisco) en 1976, perteneciente a la llamada "Generación inexistente". Autor de novelas como El buscador de cabezas, Recursos humanos, Ánima, La fila india, Méjico y Olinka, así como de las antologías de cuento El jardín japonésy La Señora Rojo

CitasEditar

Citas por obrasEditar

MéjicoEditar

Novela Méjico, México, Editorial Océano, 2015, serie Hotel de Letras.

  • «Ser mexicano sin serlo del todo y, claro, vivir bajo el reproche de no serlo era el curioso destino de la prole de los migrantes en su país. México, campeón mundial en producción de exiliados, era, al mismo tiempo, un lugar de autoritaria ineptitud para comprender la condición del hijo de migrantes: para un mexicano, todo el que no se entusiasmara con los guisos típicos y mostrara indeferencia ante las fobias y pasiones nataivas (amor por cierta música más o menos espantosa, odio por ciertos países más o menos antipáticos, que podían incluso ser el del origen de la familia de la víctima) se convertía irreversiblemente en un alucinado, en un impostor, en un mamón».
    • Páginas 56-57, capítulo "Guadalajara, 1997".
  • «Una mezcla atropellada de memorias familiares, retratos enrevistos en folletos y una atmósfera inasible que le impedía sentirse en casa, aunque se le había profetizado que lo haría. Eso era Madrid. Y quizá lo era porque todos tenían ganas de gritarle, desde las azafatas hasta los maleteros del aeropuerto (chinos con acento de cantantes de flamenco), sin descontar a los taxistas neonazis y la dueña del hostal, quien lo escrutó largamento y lo obligó a refrendar su petición de alojamiento cinco o seis veces hasta comprobarle que no era peruano. Le dije que soy español, gruñó Omar, pasaporte en mano, y me vale cinco toneladas de verga lo que piense de los peruanos. Español no eres, crío, que aquí pone que naciste en México. A saber por qué te dieron el papelajo, rezó ella».
    • Página 123, capítulo "Madrid, 1997".
  • «Su madre solía decr al arroparlo en la cama, cuando niño, que su apariencia era tan madrileña como la del rey (y su padre, que a escondidas era un descreído del fervor monárquico de su esposa, se reía, y le decía que el rey era italiano y la corona de España le daba más o menos mismo que la de Birmania se se la hubieran ofrecido). Pasó la infancia convencido de esa idea, que parecía un consuelo en Zapopan pero en Madrid no compartía nadie».
    • Página 124, capítulo "Madrid, 1997".
  • «Desarmados: cruzaron la frontera dos días después del año nuevo sin más atavios que los puestos. Cautivos: los humanitarios franceses los mandaron a un campo de concentración [...] Motivos higiénicos, decían ellos, aunque la María gruñó sus consabidos rezos: qué higiénicos vais a ser,si os folláisa las cabras. Los oficiales franceses jamás hablaban castellano pero algunos lo comprendían. Distrutaban ese tipo de escenas. Les daba consuelo que los vencidos fueran otros».
    • Página 155, capítulo "Sur de Francia, 1939".
  • «Un balazo en Méjico era una flor en el jardín o la lluvia en la cara, un fenómeno que no importaba a nadie, salvo a quien gozara de él». [1]
    • Pág. 206, capítulo "Ciudad de Méjico, 1946, a la vuelta de Veracruz".

ReferenciasEditar